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EDIFICIO OSAKIDETZA
La Sede del Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco es un proyecto del
los arquitectos Juan Coll-Barreu y abrió sus
puertas en el 2008. El edificio cuenta con una superficie de 8.802 metros
cuadrados y el programa incluye salón de actos, garajes y almacenes,
atención al cliente y oficinas. El coste aproximado del edificio fue de unos
12 millones de euros, financiados mediante la venta de edificios de la
sanidad vasca en Bilbao.

El solar forma una esquina en uno de los dos ejes principales del Ensanche,
trazados en 1862. La normativa urbanística del área es muy restrictiva y
prevé repetir el perfil de los medianiles, retranquear los áticos según una
directriz curva, achaflanar la esquina y construir un torreón sobre el
chaflán.
El edificio agrupa los servicios y las comunicaciones verticales en una
espina adosada a la medianera más larga y genera siete plantas diáfanas de
oficina. Sobre ellas se ubican otras dos plantas destinadas a locales
representativos e institucionales. La sala de consejos ocupa la doble altura
del torreón. El salón de actos, su vestíbulo y los locales anejos se sitúan
en el primer sótano. Más abajo hay tres plantas de estacionamiento.

Una doble envolvente resuelve no sólo los requerimientos urbanísticos sino
también los energéticos, los de resistencia al fuego del edificio y el
aislamiento acústico del exterior. Este doble envoltorio no es una piel sino
un volumen, de cuyas permeabilidad, habitabilidad y transitabilidad se hace
disfrutar al lugar de trabajo. A través de este volumen el edificio respira
y en él se produce el intercambio espacial entre el interior y el exterior.

El volumen envolvente funciona como un sistema. Como tal sistema, debe
proporcionar una respuesta homogénea y válida en las múltiples situaciones
diferentes que se generan en la fachada. En la definición del sistema
intervienen la técnica constructiva, el funcionamiento del edificio, el
intercambio energético, la ciudad y también el propio hecho, la voluntad de
ser, pero nunca el alzado o la composición. Además, en lugar de limitarse a
configurar el interior del edificio por un lado y conformar el espacio
urbano por el otro, el sistema de fachada debe convertirse en un vehículo
social entre ambas realidades.
Los pliegues de la fachada generan visuales múltiples desde el interior
hacia las calles que se cruzan y, desde las últimas plantas, hacia el
paisaje que circunda la ciudad.

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Fuente:
www.coll-barreu-arquitectos.com
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