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IGLESIA DE LA LUZ
Ubicado en una escondida esquina en un
tranquilo suburbio residencial en Ibaraki, Osaka, este pequeño conjunto,
diseñado por el arquitecto japonés Tadao Ando,
comprende dos modestos edificios, dispuestos en ángulo, orientándose de
acuerdo a la trama vial de la urbanización: La iglesia y la Catequesis.

El acceso al conjunto es intencionalmente
indirecto, a diferencia de muchas iglesias en Occidente. El diseño fuerza a
los feligreses a ingresar por la calle lateral y llegan a un espacio ubicado
en la parte posterior de la iglesia. Desde allí se ingresa a una minúscula
placita, que alberga una banca de forma circular. A través de ella, se
distribuyen los accesos a la Iglesia principal y a la capillita conexa.
Como hace notar Philip Drew el vacío es equivalente al infinito y viceversa,
y la arquitectura de Ando refleja trata el vacío como una especie de
plenitud divina, y el acabado imperfecto recoge el espíritu del wabi sabi.
La iglesia principal, es una caja de 6 x 6 x 18 m. traspasada lateralmente
por un muro girado 15 grados con respecto al eje principal de la nave. Esta pared diagonal contiene asimismo una
generosa mampara de 1.60 x 5.35 m y la puerta de ingreso al ambiente,
acristalada, que se desliza lateralmente, fiel al shoji estilo japonés.
El mérito de Ando no está sólo en introducir
este elemento oblicuo, que dinamiza el espacio apacible y ortodoxo de la
nave, sino en separarlo algunos centímetros de la cubierta, permitiendo que
la luz se filtre horizontalmente y dando la impresión de que el techo
estuviera flotando en el aire.
Tras el altar existe una abertura cruciforme,
la cual embebe el espacio interior con el poder y la energía de la luz.
siendo esta el único elemento natural que
ingresa al ambiente, como reforzando su condición divina e invadiendo la
profana oscuridad.
El edificio, construido en hormigón, ha
abandonado todo ornamento para revestirse de la espiritualidad que confiere
la luz, haciendo más intensa su calidad de sacro.
Incluso los bancos (que fueron hechos con partes de los andamiajes
utilizados para construcción de la iglesia y recubiertos de pintura negra),
afirman su carácter austero y mínimo. El mobiliario, combinado con el
siempre móvil y vivaz juego de la luz y las sombras, y la severidad del
adusto ambiente que lo alberga, logran tensión e intensidad y al mismo
tiempo pureza y tranquilidad, que es en sí la esencia de la espiritualidad
que este espacio transmite.

En la pequeña capilla vecina a la Iglesia
principal, Ando repite el tema de la caja atravesada por el plano oblicuo,
ligeramente separada del techo.
Pero esta vez no incluye una abertura en cruz, sino que practica una
hendidura en el techo a través de la cual baña con luz rasante la desnuda
pared del altar.
No obstante su simpleza, el plano oblicuo, la pared y la claraboya se
engarzan en una espectacular coreografía de formas, superficies y tonos
lumínicos.
La naturaleza es siempre un referente en la arquitectura tradicional
japonesa. Por ello la fluidez de la relación del interior con el exterior.
Al ingresar en la capilla y mirar a la derecha, una larga ventana deja ver
una sencilla alegoría a la cruz, reposando sobre verde y agua.

La presencia de la naturaleza, reducida al
elemento de la luz, toma un carácter extremadamente abstracto, y
respondiendo a esta abstracción, la arquitectura crece pura con el pasaje
diario del tiempo. Las pocas pero perfectas aberturas en este espacio,
sirven a la luz para demostrar su brillo contra el telón de fondo de la
oscuridad. Tadao Ando una vez más demuestra su maestría en este sencillo
edificio, logrando una comunión perfecta de materia y espíritu, en la que
recoge la pura esencia del cristianismo y la expresa a través de la
simplicidad del budismo zen.
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Fuente:
www.galiciacad.com
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Liao Yusheng acá
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Iglesia
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